Ensayo sobre la Lucidez

Ayer terminé de leer "Ensayo sobre la Lucidez" del escritor portugués José Saramago.   Aunque no me sorprendió el final de la historia, dado que todo parecía que las consecuencias de los hechos se dirigían hacia lo que finalmente ocurrió, en un primer momento hubiera querido que el dueño de la pluma me hubiera "salvado".

Sin embargo, salvarme hubiera sido una irresponsabilidad con los personajes, con el hilo de la trama y, más importante aun, con la idea que la novela construye alrededor de lo que yo llamaría "El Ser Hereje".

La historia es sencilla: En "la capital" la mayoría de los votos han sido en blanco.  El gobierno supone que la acción de los capitalinos ha sido fraguada por un grupo organizado de opositores, dado que ninguna sociedad en sus cinco sentidos haría semejante atentado contra la democracia.  Esta suposición es la causa de que el gobierno empezara una serie de acciones (todas infructuosas) en la ciudad, para el reconocimiento de "la banda" y su ulterior captura.  Dada su precaria efectividad, todo el cuerpo de gobierno, junto con el sistema de seguridad, abandona y sitia la capital como un último recurso.

Lo que sucede después es quizá el meollo de la novela: Aparece en escena "un hereje" en el cuerpo de una mujer.  A falta de comprensión de los hechos la herejía brilla como una vela en la oscuridad de las montañas.

Lo que me resulta interesante de esta "herejía" es que nace de la mirada. No se trata de una postura diferente sobre algo o alguien, no nace del pensamiento, no es una construcción o una posición política o ética sobre un credo, un sistema de hábitos o un sistema de normas legal o legítimo.  Se trata de poder ver.  El que puede ver en una sociedad de ciegos termina siendo cura y enfermedad.

La novela, claro, es la continuación de "Ensayo sobre la Ceguera" y me atrevo a decir que su sentido cojea sin su previa lectura.

La historia me gustó, me fui por cada línea como quien no se da cuenta de que está leyendo.  Por ahí pasaron mis ojos, pero todo lo escuché, fui testigo de la voz del comisario, lo saludé de lejos mientras miraba el cántaro de piedra; me comí una de las tostadas servidas para el desayuno, caminé en la tarde hacia las mesas de votación... Fui alguien que por casualidad pasaba por "allí", que me di cuenta de todo cuanto se dijo abierta o privadamente, fui un fantasma que padeció los designios del clima, el pronóstico vívido de las fechorías de los que gobernando no saben gobernar.

Mi puntuación:

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