El proceso de adaptación de un texto literario a la oralidad, tal y como yo lo asumo hoy, no tiene nada que ver con la conservación del texto. El trabajo que surge es un trabajo esencialmente creativo. En mi trabajo decir que "voy a contar el cuento de..." es falso. Tengo trabajos orales "basados en", "inspirados en", "que surgen de", pero nunca "es de".
El caso de "El Verdugo", que es una historia de Arthur Koestler, es el caso de un trabajo oral basado en un texto literario. Pero, hay que tener en cuenta que no todo el mundo de la adaptación nace de lo literario. Ya tendremos espacio para dialogar sobre esos guiones que germinan a partir de un programa de televisión, una conversación en el parque, una noticia de radio o de la forma de una galleta.
Por ahora, me interesa compartir el proceso de adaptación, lo más detallado posible. Y esto, como siempre, con la intención de poner sobre la mesa el proceso creativo.
Para que esto sea posible he elegido "El Verdugo", que es un relato corto. Perfecto para "mostrar" el recorrido, todo el proceso de transformación hasta el resultado final, lo trabajado en el escenario!!
El Comienzo
Me encuentro con una historia, me gusta y además me interesa llevarla a la oralidad. Dado que no me gusta leer buscando algo para contar, puesto que esto interrumpe la lectura (le quita el gusto), los encuentros suceden esporádicamente, son hallazgos felices, como esos insólitos con un amigo o un familiar... Caminas por las calles de Bombay y un buen día ves que un amigo entrañable, que no tendría porqué estar en esos lados del planeta, está ahí tomando algo, sentado y de lo más tranquilo mira el cielo.
Lo fundamental: La historia debe tener componentes que toquen fibras filosóficamente relevantes para mi. Por ningún motivo me debe parecer una historia simplemente bonita, cómica o trágica. Si la historia es sólo eso, la descarto de plano y la dejo como un divertimento primaveral.
El Verdugo - Cuento Original
A falta de una mejor versión en internet pondré la que encontré en el Blog llamado El Cajón DeSastre:
"Cuenta la historia que había una vez un verdugo llamado Wang Lun, que vivía en el reino del segundo emperador de la dinastía Ming. Era famoso por su habilidad y rapidez al decapitar a sus víctimas, pero toda su vida había tenido una secreta aspiración jamás realizada todavía: cortar tan rápidamente el cuello de una persona que la cabeza quedara sobre el cuello, posada sobre él. Practicó y practicó y finalmente, en su año sesenta y seis, realizó su ambición.
Era un atareado día de ejecuciones y él despachaba cada hombre con graciosa velocidad; las cabezas rodaban en el polvo. Llegó el duodécimo hombre, empezó a subir el patíbulo y Wang Lun, con un golpe de su espada, lo decapitó con tal celeridad que la víctima continuó subiendo. Cuando llegó arriba, se dirigió airadamente al verdugo:
-¿Por qué prolongas mi agonía? -le preguntó-. ¡Habías sido tan misericordiosamente rápido con los otros!
Fue el gran momento de Wang Lun; había coronado el trabajo de toda su vida. En su rostro apareció una serena sonrisa; se volvió hacia su víctima y le dijo:
-Tenga la bondad de inclinar la cabeza, por favor."
La primera vez que leí este cuento lo hice gracias a una selección de microrelatos que hizo Edmundo Valadés y recuerdo que se trataba de una modificación, no se presentaba el cuento original sino una versión de Oswaldo Díaz Ruanova. Pero, para nuestros fines está perfecto tener la que aquí se muestra.
Mi Primera Versión
Cuando se tenga claridad sobre "lo que acontece" en el relato, para mi es necesario re-escribirlo a mi modo. Lo escribo primero sin prejuicio y con total ausencia de vergüenza por la redacción o por la deshonestidad de los detalles.
Veamos cómo quedó esa primera versión: Para verla haz clic aquí.
Esta versión la paso entre amigos, conocidos y colegas; gente que en general sé que me van a dar pautas interesantes para la reflexión sobre la construcción del relato. De esos comentarios e ideas surge la segunda versión.
La Segunda Versión
Está en construcción - Cuando la tenga, la comparto!
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